Por: Paola Alexandra Correa Piñeros
Durante toda nuestra vida andamos por ahí con un fantasma a cuestas que nos cuestiona de la veracidad del amor, pues nuestra cultura no nos prepara para saber exactamente ¿Qué es?, pero si lo hemos sentido en carne propia alguna vez.
Tal vez por éste motivo es que me ronda insistentemente un pregunta ¿Es acaso el amor una mentira?. Para dar una respuesta a esta inquietud me dediqué a ahondar en mis experiencias, curiosear en las vivencias de otros, reflexionar en las frases cotidianas y todo complementado con estudios teóricos y científicos del tema, para así acercarme medianamente a los mitos y las realidad de esta fuerza que mueve la humanidad.
En realidad, creo que el amor es un sentimiento por estar con la persona elegida la cual nos produce felicidad, pues en nuestra vida práctica todo el que haya experimentado este sentimiento concordaría con mi definición, pero la mentira sería por parte de nuestro sentido común, puesto que paralelamente suceden fenómenos que no son perceptibles por nosotros sin métodos precisos, ante la cercanía del ser amado desarrollamos una excitación fisiológica determinada como un estado de “adicción, embriaguez o placer total” fundamentado en la liberación de ciertas sustancias naturales por parte del cerebro, no es otra cosa que la neuroquímica del amor; es decir, cómo la mente influye sobre el cuerpo y viceversa en los asuntos del amor y de la pasión, entre otros aspectos.
Llamado por otros también como la Anatomía del Amor, se señalan cuatro etapas por las cuales atraviesa una persona cuando se enamora (Amor romántico):
Etapa 1 (Huella o "Imprinting")
Caracterizada por las contribuciones de la evolución, genética, experiencias psicológicas y "olores" en el desencadenamiento de las reacciones románticas que típicamente experimenta una persona enamorada por otra.
Etapa 2 (Atracción)
Durante la cual el cerebro es inundado por neurotransmisores afines a las anfetaminas, especialmente por feniletilamina y posiblemente por dopamina y norepinefrina, produciendo sentimientos de euforia y exaltación.
Etapa 3 (Química de las caricias)
Etapa en la que la glándula pituitaria secreta la hormona oxitocina, de efectos versátiles, entre ellos el incremento de las sensaciones durante las relaciones sexuales y la producción de sentimientos de relajación y afecto.
Etapa 4 (Unión)
Durante la cual se produce un aumento de la producción y flujo de endorfinas (químicamente afines a la morfina) en el cerebro, produciendo sentimientos de seguridad, paz y tranquilidad en los amantes.
Todos estos sentimientos resultantes de una acción mental no se si natural o aprendida (como si estar enamorados fuera una meta vital que nuestra cultura nos impone de forma sutil), es también un eslabón de emociones desencadenadas desde nuestro cerebro, sobre lo que no tuviéramos control. A pesar de estas razones expuestas no puedo argumentar que el amor sea una mentira, puesto que matrimonios duraderos en tiempo e imperturbables en sentimiento revocaría mi opinión, a lo que debo admitir que la mentira es sólo la interpretación que hacemos del amor y peor aún la práctica de esta errónea apreciación.
Ahora bien, sabemos que la interpretación errónea radica en creer que sentirse enamorados es razón suficiente para compartir toda la vida, un ejemplo claro que esquematiza la situación es algo que vemos casi a diario una pareja que se casa porque ama la protección que siente al lado del ser amado (percepción que se hace en estado de enajenación) pero luego de convivir, esta misma actitud es percibida como manipulación y termina por separarlos. Lo que debemos hacer para amar con veracidad es derrocar de su trono el mito de que “el corazón tiene razones que la mente desconoce” por una actitud más pragmática, porque sin lugar a dudas el amor es una necesidad del hombre y este al intentar satisfacer necesidades busca el bien para sí mismo, la satisfacción en este sentido debe ser plena, por lo que el sentimiento debe permanecer estable a largo plazo para que se hable de VERDADERO AMOR.
Ampliando esta conjetura debo agregar que este sentimiento que altera nuestro equilibrio corporal es un ingrediente que sería ideal tener siempre en la relación, pero que puede tenerse en menor proporción, mientras se tenga afinidad de metas, respeto mutuo, admiración por el otro, espíritu de superación propio, compromiso, sensibilidad, generosidad, consideración, lealtad, responsabilidad, la honradez y todos los valores necesarios para una proyección positiva en pareja y finalmente en familia que los lleve a un equilibrio, al éxito y a la tan codiciada felicidad.
Mas aún, agregaría que los seres humanos hemos avanzado mucho en el conocimiento de lo exterior, pero muy poco en el conocimiento de nuestro interior, de nuestras emociones, de los mecanismos de nuestra felicidad o infelicidad. Hace tan solo cincuenta años hablar de educación sexual era algo impensable y hoy se ve como de lo más normal; también sería bueno empezar a hablar de "educación emocional" y de "educación sentimental" para romper esos mitos sociales que han convertido el amor sentimental en algo irreal, frustrante y generador de conflictos entre las personas. Pero, al igual que hemos "aprendido" hasta ahora ese amor irreal, podemos desaprenderlo y empezar a aprender el verdadero amor maduro. De esta manera, aprenderemos a querernos a nosotros mismos y a hacernos responsables de nuestra propia felicidad, y a relacionarnos con los demás con madurez, sin expectativas irreales, sin exigencias, y con plena aceptación y respeto hacia el otro.
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